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¿Como gastarían el dinero redistribuido los no-ricos?

Última actualizacion : 2026-08-31

Categorías :Inicio -> Ciencia Política


Este artículo es parte del Curso básico de Liberalismo y Escuela Austríaca de Economía -> La Social Democracia


NOTA: Es necesario haber leído el capitulo de > Intervenciones del Estado antes de leer éste artículo.


Antes de comenzar, se recomienda leer éstos 3 artículos primero:


Despues de lo que vinimos hablando acerca de la igualdad en los 2 artículos anteriores :

se hace la siguiente pregunta : ¿Como gastarían el dinero redistribuido los no-ricos?


La pregunta da en el clavo con uno de los contraargumentos más devastadores para la tesis de Piketty: la Preferencia Temporal.

Su modelo asume una homogeneidad psicológica irreal, tratando a todos los individuos como si tuvieran la misma propensión al ahorro, la gestión de riesgo y la postergación del consumo.

Al analizar la redistribución desde la Praxeología (la acción humana), el fallo lógico de entregar grandes sumas de capital de forma indiscriminada se hace evidente por varias razones:

Ignorancia de la subjetividad de la preferencia temporal:

La acumulación de capital no es un fenómeno puramente matemático heredado; es el resultado sostenido de una baja preferencia temporal (restringir el consumo presente para obtener mayor valor futuro).

Piketty ignora que quienes no han acumulado capital a menudo operan con una alta preferencia temporal.

Si reciben una inyección repentina de dinero, la tendencia natural y lógica, dictada por sus valoraciones subjetivas, será destinarla al consumo inmediato en lugar de a la inversión a largo plazo.

Consumo de capital frente a formación de capital:

En la visión de Piketty, el capital entregado a los jóvenes a través de una "herencia universal" se convertiría mágicamente en nuevas empresas productivas.

Sin embargo, sin la disciplina empresarial que forja a los emprendedores, esa riqueza expropiada se utilizaría abrumadoramente para comprar bienes de consumo.

Esto significa que el capital, que antes estaba financiando bienes de orden superior (maquinaria, investigación, infraestructura), se liquida y se destruye estructuralmente para satisfacer el corto plazo.

El retorno del capital a los productores:

Existe una profunda ironía económica en este esquema redistributivo.

Cuando los receptores de esta riqueza expropiada gasten el dinero en bienes y servicios, ese capital volverá a fluir inevitablemente hacia las manos de los emprendedores y empresas eficientes (los individuos de baja preferencia temporal) que producen lo que la gente desea consumir.

La desigualdad patrimonial se restauraría rápidamente, pero la sociedad en su conjunto sería más pobre debido a la previa destrucción de bienes de capital.

Incentivos perversos y des-civilización:

Autores de la tradición austríaca, como Hans-Hermann Hoppe, señalan que cuando el Estado garantiza ingresos o capital sin esfuerzo previo, aumenta artificialmente la preferencia temporal de toda la sociedad.

Se desincentiva la cultura del ahorro y la planificación futura, ya que el individuo comprende que el sistema castiga al productor y premia la captura de rentas políticas.

El error fundamental de Piketty es tratar el capital como un bloque de plastilina estático que se puede cortar y repartir sin alterar la conducta humana, ignorando que la riqueza debe ser constantemente recreada mediante la acción y el ingenio individual.

La evidencia no confirma el milagro del cheque

Los datos sobre enriquecimiento súbito son más ambiguos que el mito de «el 70 % de los ganadores de lotería quiebra» (cifra que ni siquiera sostiene la institución a la que se atribuye). Estudios serios de loterías (Suecia) muestran que muchos ganadores no se arruinan en cinco años y que la satisfacción vital puede subir. Pero eso no salva a Piketty.

Lo que sí muestran varios trabajos es disipación parcial y sistemática:

  • Cada dólar heredado aumenta el patrimonio neto posterior en bastante menos de un dólar (en un estudio con datos HRS, unos 0,61 dólares; y, ajustando por tamaño, los herederos eran más propensos a gastar la ganancia inesperada entera).
  • En loterías clásicas, se ahorraba una fracción pequeña del premio (del orden de 16 centavos por dólar en un trabajo conocido).

Eso es exactamente lo que predice una preferencia temporal alta: el ingreso no esperado se consume.

No hace falta caricaturizar a «todos los pobres comprando estupideces». Basta con que una fracción relevante trate la dotación como ganancia y no como capital. Al cabo de una generación, la desigualdad patrimonial reaparece —esta vez entre quienes conservaron el stock y quienes lo liquidaron—.


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