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Comunismo como fin de la historia humana

Categorías :Inicio -> Ciencia Política

Última versión : 2026-08-26

Este artículo es parte del Curso básico de Liberalismo y Escuela Austríaca de Economía -> Marxismo


Para Karl Marx, la expresión "el fin de la prehistoria humana" designa el momento histórico en el que la sociedad transita del reino de la necesidad al reino de la libertad. En su célebre prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), Marx sostuvo que toda la historia conocida hasta el capitalismo —marcada por la escasez, la propiedad privada, la división en clases sociales y la explotación— constituye meramente la prehistoria de la humanidad.

La verdadera historia humana comenzará, según esta visión, cuando el comunismo suprima las contradicciones de clase y permita que la sociedad controle de manera consciente su propio destino colectivo.


Las dimensiones del "Fin de la Prehistoria" en el Marxismo

  • Superación del antagonismo de clases: Con la socialización de los medios de producción, se elimina la base material de la lucha de clases. Al no haber explotadores ni explotados, cesa el motor del conflicto que impulsó los cambios sociales anteriores.
  • El fin del reino de la necesidad: La humanidad deja de estar dominada por leyes económicas ciegas y hostiles. Gracias al desarrollo tecnológico alcanzado por el capitalismo, la producción se planifica racionalmente para satisfacer las necesidades humanas universales.
  • La extinción del Estado: Al desaparecer las divisiones de clase, el Estado —concebido como un instrumento de dominación de una clase sobre otra— pierde su razón de ser y se "extingue", dando paso a una simple administración técnica de las cosas.

El comunismo sería el umbral de la historia propiamente dicha:

  • Se extingue el antagonismo de clases (no queda una clase que viva del trabajo de otra).
  • La producción deja de dominar a los productores como potencia ciega.
  • Los “productores asociados” regulan el metabolismo con la naturaleza de forma consciente.
  • Empieza, en la fórmula de Engels, el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad.

Eso convierte al comunismo en escatología: no un más allá, sino el momento en que la especie deja de padecer su propia sociabilidad como naturaleza.

El Reino de la abundancia

Marx distingue dos capas en El capital, libro III. El reino de la necesidad no desaparece: siempre habrá que trabajar para vivir, y las necesidades crecen con la civilización. La libertad en ese reino consiste en que los asociados controlen ese intercambio con la naturaleza, con el menor gasto de fuerza y en condiciones dignas.

El verdadero reino de la libertad empieza más allá de la producción material: el desarrollo de las capacidades humanas como fin en sí. Condición: reducir la jornada. El comunismo no promete el fin del trabajo; promete el fin del trabajo como poder extraño.

En los Manuscritos de 1844 el mismo gesto es aún más teológico: el comunismo es “el enigma resuelto de la historia y sabe que es esa solución”.

En La ideología alemana, el comunismo no es un ideal a implantar, sino “el movimiento real que anula el estado de cosas actual”.

En la Crítica del programa de Gotha, la fase superior inscribe:

  • de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad
  • cuando haya cesado “la subordinación esclavizadora” a la división del trabajo y manen “a chorro lleno” las fuentes de la riqueza colectiva.

Críticas generales desde la Escuela Austríaca y el Liberalismo

Desde la perspectiva de la Escuela Austríaca de Economía y la filosofía liberal, esta concepción escatológica y utópica del comunismo es fuertemente refutada en sus premisas y en sus consecuencias prácticas:

El racionalismo constructivista y la destrucción del orden espontáneo (Friedrich Hayek):

Friedrich Hayek argumenta que la pretensión de que la humanidad controle "conscientemente" y de forma centralizada toda la economía y la sociedad es un error fatal de la razón.

Los órdenes sociales complejos y prósperos no pueden ser diseñados por la ingeniería social, sino que emergen como Ordenes Espontáneos a través de la cooperación descentralizada del mercado.

Intentar suprimir este orden destruye la capacidad de procesar información dispersa.

Críticas puntuales desde la Escuela Austríaca y el Liberalismo

La imposibilidad lógica del cálculo económico (Ludwig von Mises):

Para los economistas austríacos, la idea de una sociedad comunista avanzada sin precios, dinero ni propiedad privada es una imposibilidad técnica y económica.

Sin el mecanismo de precios de mercado, los planificadores centrales no tienen forma de calcular los costes de oportunidad ni la escasez relativa de los recursos, lo que conduce inevitablemente al caos productivo, al empobrecimiento masivo y no a la abundancia universal.

La utopía peligrosa y el totalitarismo inevitable (Karl Popper):

Popper critica fuertemente el historicismo marxista por prometer una sociedad cerrada, armónica y libre de conflictos definitivos.

Sostiene que buscar la "perfección" y la reconciliación total de la sociedad a través de la ingeniería social utópica requiere un control político absoluto, lo que desemboca de manera inexorable en el totalitarismo y en la destrucción de las libertades individuales básicas.

La falacia de la extinción del Estado:

Los teóricos liberales señalan una profunda contradicción interna en la profecía marxista: para abolir la propiedad privada, disolver los mercados y reeducar al ser humano, se requiere un aparato de coacción estatal hipertrofiado, violento y totalitario.

Históricamente, este poder coercitivo nunca se ha "extinguido", sino que se ha consolidado en tiranías burocráticas.

No hay “última” forma social (Mises)

En Teoría e historia Ludwig von Mises (1881-1973) ataca el supuesto de que las formaciones se suceden por una lógica interna de las fuerzas productivas hasta un término.

Quien actúa no es “el modo de producción”; son individuos.

Si las técnicas las inventan, adoptan o rechazan personas, nada garantiza que el capitalismo sea la última forma antagónica ni que “deba” resolverse en socialismo. La serie asiático–antiguo–feudal–burgués–comunista es un esquema hegeliano con disfraz material, no una ley.

Peor: si se tomara en serio el criterio de “desarrollo de las fuerzas productivas”, el candidato a forma superior no sería el socialismo. Mises invierte el argumento: el único sistema que puede seguir desarrollando esas fuerzas de modo racional es el que calcula con precios de factores.

El comunismo, al abolir la propiedad de los medios, cierra el cálculo. Declararlo “fin de la prehistoria” es declarar superior un orden que no puede saber qué es costos.

La “historia consciente” es una ilusión constructivista (Hayek)

Engels describe el salto: se acaba la anarquía de la producción; hay organización planeada; las causas sociales producen los efectos deseados.

Friedrich Hayek (1899-1992) llama a eso racionalismo constructivista: creer que un orden complejo puede ser el resultado intencional de un plan.

El mercado no es “prehistoria inconsciente” que haya que despertar. Es un procedimiento para usar conocimiento que nadie posee entero.

Pretender que “los productores asociados” regulen el metabolismo social “con plena conciencia” exige un sujeto colectivo que no existe. El que aparece en su lugar es un aparato.

Así, el “comienzo de la historia” marxiano sería, para Hayek, el intento de sustituir un orden que nadie diseñó por un diseño que nadie puede completar. Lo que se gana en pretensión de transparencia se pierde en uso de información.

La escasez no es prehistoria; es la condición de lo económico

El umbral marxiano supone que, en la fase superior, las fuentes de riqueza “corren a chorro lleno” y se puede abandonar el “estrecho horizonte del derecho burgués” (reparto según el trabajo).

La Praxeología (la acción humana) niega que la escasez sea un estadio.

Mientras haya fines múltiples y medios limitados —tiempo, atención, tierra, capital específico—, habrá costes de oportunidad.

Un mundo sin propiedad Privada y sin mecanismo de precios no es post-escasez; es escasez sin brújula.

Llamar “historia verdadera” a esa situación es invertir los nombres: se llama libertad a la pérdida del criterio con el que se elige.

Murray Rothbard (1926–1995) añade que abolir la división del trabajo (la “subordinación esclavizadora” de Gotha) no es humanizar; es destruir la productividad que hacía pensable la abundancia.

El Estado no se extingue al cerrarse la prehistoria

Marx deja un hiato: dictadura del proletariado → fase inferior → fase superior y extinción del Estado.

Mises y Rothbard: quien asigna los medios comunes es un Estado, se llame comuna, soviet o plan.

La prehistoria no termina; se concentra el antagonismo en la relación entre el aparato y el administrado.

El siglo XX no “deformó” el esquema: ocupó el único lugar institucional que el esquema dejaba vacío.

Escatología con pretensión de ciencia (Rothbard)

Rothbard lee el “cierre de la prehistoria” como milenarismo secular: historia de sufrimiento → reino.

El cristianismo al menos sitúa el Reino en un acto divino.

Marx exige que la materia histórica tenga un final de prehistoria, para no dejar el comunismo a la “imperfecta voluntad libre”.

De ahí la necesidad de leyes inmanentes. Cuando las predicciones fallan, no se abandona el final; se pospone. Eso no es historiografía; es teodicea.


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