La lucha de clases
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Última versión : 2026-08-26
Este artículo es parte del Curso básico de Liberalismo y Escuela Austríaca de Economía -> Marxismo
La lucha de clases no es, en Marx, un conflicto laboral más.
Es la tesis de que toda la historia posterior a la comunidad primitiva tiene un mismo motor: el enfrentamiento entre quienes se apropian del trabajo ajeno y quienes lo sufren.
Si esa tesis cae, se caen el materialismo histórico, el proletariado como sujeto universal y la revolución como desenlace “necesario”.
1. Qué dice el marxismo
La fórmula está en la primera línea del Manifiesto (1848):
La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.
Engels, en el prólogo de 1883, precisa el núcleo que atribuye a Marx: el modo de producción y la organización que de él se deriva son la base de la historia política e intelectual; por tanto, desde que se disolvió la propiedad comunal del suelo, la historia es lucha entre explotadores y explotados.
El proletariado no puede emanciparse de la burguesía sin emancipar de una vez a toda la sociedad de la explotación y de las clases.
Cómo se define una clase
No por renta, oficio o “estilo de vida”. Por la relación con los medios de producción:
- Burguesía: propietarios de los medios sociales de producción que emplean trabajo asalariado.
- Proletariado: quienes, privados de medios propios, venden la fuerza de trabajo para existir.
El resto de la historia se lee con el mismo criterio: libre/esclavo, patricio/plebeyo, señor/siervo, maestro gremial/oficial.
Siempre “opresor y oprimido”, en lucha velada o abierta, que termina en revolución que reconstituye la sociedad o en ruina común de ambos bandos.
Lo que el capitalismo “simplifica”
Según el Manifiesto, la época burguesa no acaba con los antagonismos: los reduce a dos campos.
Las capas intermedias (campesinos, artesanos, pequeña burguesía) tienden a proletarizarse.
Solo el proletariado es “verdaderamente revolucionario”: las demás clases se disuelven con la gran industria; él es su producto.
Eso implica una dinámica, no una foto:
- Intereses objetivamente antagónicos (salario vs. ganancia; control del proceso vs. disciplina fabril).
- Paso de clase en sí (misma posición económica) a clase para sí (conciencia, organización, partido).
- La ideología dominante es la de la clase dominante; la “falsa conciencia” explica al obrero que no se reconoce como proletario.
- El Estado es, en última instancia, comité de administración de la clase poseedora.
- Desenlace: revolución, dictadura del proletariado, extinción de las clases.
En El capital el antagonismo recibe mecánica económica: plusvalía. El conflicto no es “se llevan mal”; es que el contrato salarial oculta la extracción de plustrabajo.
Marx no inventó la idea de clases. Él mismo reconoce deudas con historiadores franceses de la Restauración (Thierry, Guizot, Mignet) y con economistas que hablaban de rentas, salarios y ganancias. Lo propio es unificar esas luchas en una ley de la historia y hacer del proletariado industrial el último sujeto.
2. Críticas austríacas
a) No hay interés de clase homogéneo (Mises)
Ludwig von Mises (1881-1973), en El socialismo y Teoría e historia, ataca el supuesto de que “la burguesía” o “el proletariado” sean sujetos con un interés común. Dentro de cada agrupación hay competencia:
- El obrero del sector protegido no tiene el mismo interés que el del sector expuesto; el sindicalizado, no el parado; el cualificado, no el que entra al mercado.
- El empresario no forma un bloque: compite con otros empresarios por trabajo, crédito y clientela. El “capitalista” que compra barato y el que vende caro no son un yo colectivo.
Si se lleva la lucha de clases hasta el final —todo interés particular como guerra de bandos—, se obtiene una guerra de todos contra todos, no una sociedad.
Mises insiste: la socialización real no es la lucha, sino la cooperación por división del trabajo.
La lucha en sentido propio es antisocial: impide trabajar juntos.
El mercado no niega el conflicto de valoraciones; lo encauza en contratos en vez de en campamentos.
Además, Marx nunca define con rigor qué es una clase cuando deja de servir el esquema binario (campesinos, lumpen, aristocracia financiera, burocracia). La teoría necesita fronteras nítidas para que la historia tenga dos actores; la realidad económica las borra.
b) Polilogismo: la clase no tiene una lógica propia
Si el ser social determina la conciencia, cada clase tendría su “razón”.
Mises llama a eso polilogismo.
Consecuencia inmediata: el argumento del adversario no se refuta; se clasifica (“economía burguesa”).
Pero el marxista usa la misma lógica cuando calcula, organiza un sindicato o escribe El capital. No hay dos lógicas; hay una, y posiciones distintas sobre propiedad y poder.
La lucha de clases, así entendida, deja de ser hipótesis contrastable y se vuelve filtro: quien no lucha como debe está en falsa conciencia. Eso inmuniza la teoría.
c) El antagonismo salarial no es explotación de una sustancia-valor (Böhm-Bawerk)
Sin teoría del valor-trabajo, el choque salario/ganancia no prueba un robo sistemático.
El salario es precio de un servicio en el tiempo; la ganancia incluye interés (espera), prima de riesgo y función empresarial.
Puede haber conflicto por el reparto de un producto conjunto, como en cualquier cooperación. Eso no convierte a las partes en “clases históricas” cuyo duelo cierra la prehistoria.
Friedrich Hayek (1899-1992) añade otro ángulo: empresario y trabajador no se enfrentan como bloques de sustancia social. Se coordinan —mal o bien— mediante precios, incluso cuando regatean. Tratar esa coordinación como mera máscara de una guerra es no ver la función informativa del contrato.
d) Había una teoría liberal de las clases antes de Marx —y es otra
Los liberales franceses del siglo XIX (Charles Comte, Dunoyer, Thierry; en la línea de Turgot y, más tarde, Bastiat) ya hablaban de clases.
El corte no era propietario/asalariado. Era productores versus saqueadores: quienes viven del intercambio y quienes viven de privilegio, impuesto, guerra y monopolio legal.
Murray Rothbard (1926–1995), McCaffrey y Hoppe recuperan esa línea. Existe lucha de clases, sí; pero el eje es político, no el contrato de trabajo.
La clase explotadora es la que obtiene rentas por coacción (Estado, gremios privilegiados, banca con curso forzoso, aranceles). La explotada es la que produce y es despojada. El mercado no crea esa relación; el privilegio sí.
Hoppe llega a decir que varias tesis marxianas (hay clases, hay explotación, hay tendencia a centralizar el poder explotador) son “esencialmente correctas” si se cambia el criterio: explotación = violación de propiedad, no plusvalía.
El error de Marx sería haber puesto en el haber del capitalista lo que corresponde al aparato político.
De ahí que el socialismo, al maximizar el poder de asignación política, no extinga la lucha de clases: la estatiza.
e) Predicciones que organizaban la lucha no se cumplieron
El esquema exigía: polarización en dos campos, inmiseración, desaparición de las capas medias, solidaridad internacional del proletariado por encima de la nación.
Lo observado en Occidente: expansión de clases medias, subida del nivel de vida obrero, sindicatos integrados al orden político, y en 1914 obreros que se mataron por banderas, no por la Internacional.
Se puede redefinir cada fallo (“aristocracia obrera”, “imperialismo”, “hegemonía”). Eso, para un austríaco, confirma que la lucha de clases opera como relato flexible, no como ley.
4. Otras objeciones útiles
Nación, raza, sexo, casta. El siglo XX mostró lealtades que no se alinean con la relación salarial. Un obrero puede odiar al obrero extranjero más que al patrón nacional. El marxismo tardío (imperialismo, colonialismo, interseccionalidad) multiplica sujetos para salvar el esquema; al hacerlo, admite que “dos clases” nunca bastaron.
Historia antigua y medieval. “Patricio/plebeyo” o “señor/siervo” no son el mismo tipo de relación que capitalista/asalariado. Forzar analogías borra instituciones (ciudadanía, vasallaje, fuero, gremio) que no son meras máscaras de la plusvalía.
Biología y psicología de coaliciones. Los primates humanos forman bandos por parentesco, estatus, territorio y reputación, no solo por “relación con los medios”. Eso no “refuta” que la propiedad importe. Sí sugiere que un dualismo histórico único es pobre: siempre habrá coaliciones, y el Estado es una máquina especialmente eficaz para crearlas (nosotros los que cobramos / vosotros los que pagáis). Esa es, de hecho, la intuición de la teoría liberal de las clases.
5. Qué queda y qué no
Queda, y los austríacos serios no lo niegan, que hay conflictos de intereses ligados a la propiedad, el salario, el privilegio y el fisco; que quienes viven de rentas políticas suelen alinearse; que el relato de “un solo pueblo” oculta explotaciones reales.
No queda en pie, si se acepta la crítica austríaca y liberal:
- que toda la historia sea ese duelo;
- que capitalista y obrero sean, por definición, enemigos históricos y no cooperadores en un orden de intercambios;
- que la conciencia sea función de la clase hasta el punto de anular la argumentación;
- que el proletariado industrial sea el sujeto que cierra la lucha para siempre;
- que abolir la propiedad privada de los medios extinga las clases en vez de sustituirlas por una clase administrativa.
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